La historia del comic en bolivia

Una de las comunidades bolivianas en Internet más activas es sin duda la de los dibujantes de comics con ya una amplia colección de artistas y de blogs que utilizan el Internet como una herramienta para compartir, organizarse y crear.

El reciente VII Festival Internacional de Historietas Viñetas con Altura, realizada la semana pasada que trajo consigo con un buen número de invitados nacionales y extranjeros. Y sin ninguna duda cada año crece con mayor fuerza.

Me encuentro hoy en el periódico La Prensa tres entrevistas muy interesantes, a tres de los más improtantes dibujantes (uno por cada generación), que dan un pefil de la historia del comic en bolivia.

A continuación las entrevistas de La Prensa, con un añadido de nuestra parte de enlaces a los blogs de los diferentes representantes:


Julio Arce y el mítico Cascabel

—¿Cómo incursionó usted en la ilustración y la caricatura?

—Empecé en 1962 haciendo caricaturas en los semanarios Libertad y El Pueblo. Desde entonces durante más de 30 años pasé por diarios como Jornada, La Voz del Pueblo y Presencia, en los que además de caricatura política —que siempre fue la más requerida— hice ilustración, historieta y hasta publicidad.

—¿Cuál de sus tiras cómicas o creaciones recuerda con más cariño?

—Tengo un personaje que se llama Capitán Astro, un superhéroe que siempre pregonaba los ideales de cambiar el mundo, hacer justicia y ayudar a los desfavorecidos.

—Usted fue parte de Cascabel, señalada como referente inicial en esta área, ¿cómo se conformó esta revista, cuáles eran sus características?

—Cascabel se fundó en 1961 —si no me equivoco— y se cerró tras unos 50 números, en 1971, durante el golpe de Hugo Banzer. Estaba dirigida por José Luque Medina que firmaba como “Pepe Luque”, y trabajábamos en ella Raúl “Rulo” Vali, Ricardo Frías “Sifrico”, René Mallea “Rema” y yo, además de otros colaboradores ocasionales.

Antes, Luque sacó algunos números de El Mosquito, en Oruro, en los años 50, pero creo que Cascabel se puede mencionar como el inicio real de lo que ahora se define como cómic, porque aunque todo estaba supeditado a la sátira política, la mofa a los políticos y autoridades, fue ahí donde surgieron historietas con temáticas y personajes definidos.

—Con esa experiencia, ¿cómo ve a las nuevas generaciones de artistas gráficos, los protagonistas de este llamado “boom” del cómic boliviano?

—Los jóvenes son muy activos y tienen logros importantes. Como toda nueva generación, reflejan en su arte lo que es la sociedad, y en este caso, tanto en la historieta como en la música, la literatura y el cine, prevalecen los conflictos individuales; ya no noto, como antes, el compromiso social y el idealismo que pregonaba cambiar al mundo para bien.



Alejandro Salazar: “En los 80 todos preferían las artes plásticas tradicionales”

—¿Cuándo y cómo empezaste a trabajar en el arte gráfico, el cómic?

—Empecé a hacer ilustración a principios de los 80 en un centro cultural llamado Café Arte y Cultura, donde era responsable de hacer los afiches y los artes de prensa para las presentaciones musicales.

Todo el trabajo lo hacía de forma manual, con técnicas tradicionales como témpera, serigrafía, xilografía, etcétera, pues en esa época no existían los ordenadores personales.

—¿Quiénes más efectuaban un trabajo similar en aquel tiempo?

—Entre las personas que recuerdo está Efraín Ortuño, un buen dibujante que trabajó más como pintor que como ilustrador. En esa época, lastimosamente, no conocí a artistas dedicados íntegramente a la historieta o la caricatura, pues la meta general eran las artes plásticas tradicionales: pintura, escultura y otras.

—¿Qué publicación o movimiento consideras que fue precursor del cómic en el país?

—Una de las principales precursoras es la revista Cascabel, que no conozco personalmente, pero me parece que la movida actual del cómic en La Paz tiene dos hitos fundamentales: la biblioteca del C+C de la Fundación Patiño, especializada en historietas y, el más importante, el Encuentro Internacional de Historietas, ambos surgidos a principios de la década del 2000. Es a partir de ahí que se hace un trabajo más profesional y más interesante en este campo.

—¿Qué propuestas de esta etapa destacas?

—Los que sobresalen con propuestas gráfico-narrativas interesantes y novedosas son, según mi punto de vista, Frank Arbelo, Susana Villegas, Joaquín Cuevas y Álvaro Ruilova.

—¿Qué nos puedes decir de tu labor actual?

—Yo estoy trabajando más como caricaturista que como historietista pues, como es sabido, este país es muy politizado y la caricatura política tiene su lugar ganado en los medios gráficos.

No ocurre lo mismo con la historieta pues ya no existen publicaciones especializadas, imprescindibles para el desarrollo de este arte. De todas maneras, puedo definir mi trabajo como una propuesta que va más allá de la caricatura de personajes de la política, pues estoy más interesado en las situaciones y los fenómenos sociales que en las personas que son transitorias.

En cuanto al estilo, lo mío es un dibujo sencillo con trabajo lineal —a pulso— más un poco de arreglo tonal que realizo en la computadora.


Joaquín Cuevas: “La novela gráfica es la madurez del género”

—El eje de este séptimo encuentro es la evolución cronológica del cómic en Bolivia ¿Descríbenos cuál es esta evolución?

—La historieta boliviana comenzó a “evolucionar” de verdad a partir del año 1999. Hasta entonces, debido a lo aislado y esporádico de los intentos anteriores, no se podía hablar de una línea cronológica continua.

Con la aparición de la revista Bang (1999) y la continuidad de esta propuesta en Crash!! (2001), muchos historietistas en potencia nos dimos cuenta de que sí se podía hacer cómic seriamente en Bolivia. Con la creación del Festival Viñetas con Altura (2003) vimos que publicar y ofrecer estas publicaciones a la gente era posible, y para la tercera versión del festival, en 2005, aparecieron diversas propuestas.

—¿Quiénes son los principales representantes de esta etapa?

—Ésa es una pregunta que no puedo contestar con objetividad. A mí me gustan mucho Frank Arbelo, Álvaro Ruilova y el Marco Tóxico (Marco Guzmán). Otro monstruo de la historieta acá en Bolivia es Susana Villegas, aunque últimamente se ha dedicado más a la ilustración y a la escultura digital.

Debo mencionar además a Alejandro Salazar (Al-Azar) que proviene de una etapa anterior —fue prácticamente el único artista gráfico e historietista durante fines de los 80 e inicios de los 90— pero que sigue en total vigencia. Entre los autores que aparecieron recientemente, ya después de la generación del 99, se tiene que resaltar a Román Nina, Jorge Siles y Fernando López. También me causó mucha alegría ver los trabajos que se presentaron esta semana de Paola Guardia, del grupo Kronopios, y del colectivo Pigeon Press (cuyos miembros no pasan de los 15 años).

—¿Cuáles son los libros referenciales?

—Un gran hito de esta generación fue la revista Bang, que luego fue continuada por Crash!! Después aparecieron dos publicaciones en las que desarrollamos nuestros estilos varios autores: El Fanzineroso y El Trazo Tóxico. Otro título fundamental es El Gringo Muerto. Pero tal vez la obra más importante de esta etapa es Cuentos de Cuculis 1 de Álvaro Ruilova.

—¿Adónde crees que apunta la historieta en el país, a futuro?

— Va a seguir diversificando sus estilos y técnicas, y ahora que estamos aprendiendo a dar solidez a los personajes y a crear historias un poco más complejas y serias, espero que lo próximo que veamos en el Festival Viñetas con Altura sea un boom del formato novela gráfica. Cuando lleguemos ahí, podremos decir por fin que la historieta boliviana ha alcanzado madurez.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buenísimo =D

 
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